1º A de la ESO

UNA NOCHEBUENA MUY MOVIDA

 

Lo que menos creí que ocurriría en un viaje a canarias el día de nochebuena, me ocurrió a mí, justamente así:
El día de nochebuena salimos de casa con cinco horas de adelanto. Como podréis observar, íbamos muy relajados, cantando villancicos en el coche, jugando, hablando de lo que seria una navidad en Tenerife, yo creía que con mucho calor, bañándonos en la piscina o en la playa y jugando con mis dos primitos en chalet. Paramos para desayunar y tomarse un café la mayoría del tiempo lo pase durmiendo o discutiendo con mi hermano por quien tendría la almohada, pero mi madre saco otra y fin de la discusión. La verdad, el viaje se me hizo mas corto de lo que pensaba, por el camino nos paramos a comprar un queso de oveja para mis tíos, como nos sobraba tiempo…
Cuando llegamos al aeropuerto no había nadie, éramos los primeros. Bueno, manos a la obra sacamos los bocadillos y a comer. La verdad es que tenía hambre.
Mama había metido una botella y nos la habíamos bebido toda.
Esto me empezaba a oler mal, seguíamos solos y todo el mundo sabe que hay que embarcar dos horas antes de que salga el avión.
Era la hora de embarcar, no había nadie. Mi madre preocupada le decía a mi padre que les preguntara a las señoras y señores que estaban allí que haber cuando embarcábamos, ya habíamos tomado dos cafés.
Mi padre por fin fue a preguntar, cuando hoy la respuesta me caí al suelo: la señorita respondió que no se acordaba de que saliera ningún avión mas para Tenerife hoy, preguntamos en los lugares de embarque y así era, se había adelantado nuestro avión y no nos habían avisado y se marcho sin nosotros cuatro.
Todos los empleados que había allí nos cogieron el número de teléfono para poder ir por lo menos a un hotel. Esto fue en vano.
Nos dieron teléfonos de coches de alquiler, ya que el nuestro debería quedarse en Valladolid.
Conseguimos billetes para el día siguiente después de dos horas intentándolo. Como era noche buena mis padres quemaban los móviles para conseguir algo. Mi tía de Tenerife no ceno nada cuando se entero. Por fin un coche disponible para alquilar, sin pensarlo dos veces, lo alquilamos, les dimos las gracias a los empleados y fuimos a buscarlo. Nos pusimos camino de Madrid pero como oscurecía paramos a cenar. Hacia muchísimo frió, había hielo en el suelo.
Estuvimos tres cuartos horas buscando un hotel, ni uno vació.
Por fin en Villalba, un hotel con habitación para dormir.
El dueño nos dijo que no funcionaba la cocina puesto que era nochebuena y se habían ido todos a cenar con sus familias y nos pidió que fuéramos a cenar a algún restaurante del pueblo.
Todos los bares, restaurantes e incluso el Mc donald's estaban cerrados no por que fuera tarde, eran las diez, sino porque era nochebuena y todos estaban en sus casas. Era una situación muy desesperante y yo me acorde en ese momento de Maria y José cuando buscaban una posada en Belén, lo tuvieron que pasar muy mal.
Volviendo a mi historia, regresamos al hotel muertos de frió, tanto es así que el hombre nos vio y nos dijo lo siguiente:
- pasen al comedor y siéntense.
No os lo creéis pero nos trajo un poco de la cena que tenia para la familia y hasta llego ``papa Noel ´´ y nos dio caramelos.
Nos fuimos para la cama sin turrón, champán y regalos.
En la habitación, los cuatro juntos, cantamos villancicos y le dimos gracias a dios porque no nos había pasado nada.
Al día siguiente a las seis de la mañana nos pusimos en camino para coger el avión a las nueve. Esta vez todo salio bien y llegamos a Tenerife sin problemas, allí las navidades tienen un enmarque diferente al nuestro, así se pueden ver pinos adornados y nacimientos vivientes mientras que la gente pasea en pantalón corto. Me gusta más mi navidad.
Mi conclusión de este viaje a sido que la navidad no es solo champán, juguetes o turrón, aquella noche no tuvimos nada de eso, todo lo contrario, pero estábamos los cuatro juntos.

Andrea Ballines Alvarez
1º ESO A

1º B de la ESO

UN ANGEL TRAVIESO


Se acercaba la Navidad, la noche y las luces en las calles, los escaparates repletos, de objetos bonitos, y un montón de personas con gorros y bufandas invadían toda la ciudad. Mientras tanto, allí arriba se respiraba ambiente navideño, todos estaban mas atareados que de costumbre, no se porque en esta época el trabajo de los ángeles se multiplica, será porque los niños están de vacaciones claro. Agustín recibió un telegrama urgente, tenia que bajar inmediatamente a la tierra, su compañero había sufrido un accidente
y no podía seguir con su trabajo de guardián. ¡Vaya, quien me habrá tocado en suerte esta vez!, penso el ángel mientras preparaba su equipaje.

Alejandro Anaya
C/Doctor Marañon nº5 piso 2ºC
Villabuena.(Palencia)

Al ver la nota donde figuraba la dirección, se dio cuenta que iba a necesitar ropa de abrigo. Muy bien, ya esta en la calle Doctor Marañon, en él numero 5, es una casa nueva de ladrillo rojo, rodeada de un gran patio lleno de columnas, donde un montón de mamas y de niños meriendan y juegan en los columpios, con el balón, con la arena, en el suelo, formando montañas donde colocan sus cochecitos o sus soldados y vaqueros. Ahí esta, acaba de ver a Alejandro, esta sentado solo en un banco, observando a los demás que se divierten a su alrededor, mira el reloj y son las seis y media, falta poco para que llegue su madre, y sigue inmóvil. Agustín permanece mirándolo un largo rato, hasta que decide hacer algo para animarle. Consigue que la pelota se desvíe y vaya a parar a sus pies, que un columpio quede vacío, pero a Alejandro no le apetece jugar. Por fin llega su madre y suben a casa. El Angel después de seguirles, escucha su conversación. "Ya sé que estas así porque papa no va a venir a pasar las Navidades con nosotros, pero tienes que animarte", el niño sigue callado. ¡Tengo que hacer algo!, y el ángel sube para averiguar donde vive su padre. Tras varias horas de búsqueda descubre que se encuentra en Portugal, trabaja en una plataforma petrolífera en el océano Atlántico, y no termina su turno hasta el 30 de Enero. Agustín se traslada hasta la plataforma. En ese momento todavía están trabajando unas 400 personas, pero son cerca de las ocho y esta a punto de sonar la sirena que pone fin a la jornada. Al oírla todos sueltan sus herramientas, se quitan los cascos y se dirigen charlando animadamente con sus compañeros hacia los dormitorios. El Angel no quiere perder tiempo y volando se atraviesa en la escalerilla, consiguiendo que a Luis, que así se llamaba el padre de Alejandro, se le retuerza un pie, y caiga rodando hasta el segundo sótano. Rápidamente dos hombres le trasladan en camilla hasta la enfermería, ¡se ha roto el fémur, tendrá que pasar al menos 15 días en reposo!, Afirma tajantemente él medico. Día 24 de Diciembre, 6 de la tarde, en la casa de Alejandro, el y su madre preparan la cena, sobre las 8 oyen el timbre, "que pronto ha llegado la abuela", dice su madre, el niño va a abrir la puerta, oye una voz que le es familiar, ¡era su padre!. El Angel desde arriba lo observa todo y piensa, "por esta vez, he conseguido hacer feliz a una familia


Silvia Beatriz
1º ESO B