HISTORIA DE UN
COPO DE NIEVE
Abrí los ojos. Lo vi todo negro. Los volví
a abrir. Una imagen borrosa apareció de improviso.
Parpadeé. Está vez lo vi todo blanco. Miré
a ambos lados y ví varios puntitos blancos sobre
fondo negro. Me di cuenta de que estaba boca abajo e intente
ponerme derecho. Ahora si lo vi todo claro. Debajo mio había
muchas casitas con tejados blancos. Encima mía había
miles de cositas blancas que caían. Una sensación
de vértigo me indicó que yo también
caía.
De repente, un único pensamiento inundó mi
cabeza:
“Soy un copo de nieve”
Entonces lo comprendí. Comprendí porque caía.
Comprendí que eran esos puntitos blancos. Comprendí
porque todo estaba pintado de blanco. Mi mente se calmó.
Ahora sólo quería explorar el nuevo mundo
que se abría ante mis ojos. Aceleré mi caída.
A lo lejos vi una sombra ante una farola. Era pequeña,
por lo que debía tratarse de un niño. Se levantó,
ya que había estado sentado, y echó a andar.
Aumenté la velocidad. Un señor con un paquete
pasó cerca del niño, que se acercó
a él.
No pude oír lo que decía, sólo sé
que extendió su mano derecha enrojecida por el frío.
El señor pasó por delante sin ni siquiera
mirarle. Al acercarme más pude apreciar que el niño
no debía tener más de 6 o 7 años. Se
volvió a acercar a la farola y se dejó caer.
No sé porqué pero sentí lástima
por él, así que desvié mi caída
y fui rumbo a la farola. Caí justo en el farol. Y
desde allí lo vi todo.
Vi como el niño se acercaba sus manitas a la boca
y soplaba para intentar calentarlas con su aliento. Vi como
se levantaba con esperanza al ver a una señora con
sombrero que pasaba por la acera de enfrente. Se acercó
a ella y extendió de nuevo su mano. Esta vez la señora
se agachó y le preguntó algo, luego metió
la mano en la chaqueta, sacó una moneda, la puso
en la manita del niño y se fue. El niño miró
la moneda, se acercó a la farola y se desplomó
sobre la nieve. Una luz brillante apareció encima
del niñito. Brilló todavía más
y cuando parecía que iba a explotar se extinguió
y desapareció. El único vestigio que quedó
d esa luz fue una brillante estrella y un coro de ángeles
que cantaba “Gloria al Señor”. Esa estrella guiaba
a un establo que yo había visto al caer. Pasó
la noche y amaneció y salió el sol. Entonces
sentí como si me convirtiese en agua pura, me volviese
vapor y ascendiese hacia el cielo. Donde volví a
caer, esta vez como lo que era en realidad, un copo de nieve.
Caí en la puerta de una lujosa casa, de la que salió
un niño con sus padres. Ya había visto antes
a ese niño. Iba vestido con ricas ropas y corría
detrás de los copos de nieve que caían. Entonces
me di cuenta:
Las manos de aquel niño, ahora cubiertas con guantes,
habían estado antes enrojecidas por el frío.
Y esta es mi historia, la historia de un copo de nieve.
Y ahora, justo ahora, acaba de salir el sol.
SARA GONZALEZ CASARES 1º
E S O B
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