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Había un pueblo situado en las montañas
del norte de un país donde había muchos niños.
Al colegio del pueblo iban todos los niños y niñas
del pueblo, pues sólo había uno.
Había llegado diciembre y la nieve apareció
también en el pueblo. Durante el recreo, los niños
muy contentos con la nieve, se pusieron a jugar con ella.
De repente pensaron: “¿Por qué no construimos
un muñeco de nieve en la plaza que tenemos al lado
del colegio?”. A todos les pareció una idea estupenda.
Se pusieron a construirlo y como tuvieron que volver a clase
decidieron terminarlo después de merendar. Les quedó
estupendo, nunca les había salido mejor, tanto es
así que le vistieron y le pusieron nombre, “Sebastián”.
Estaban tan orgullosos del muñeco (Sebastián)
que habían creado que todas las tardes jugaban junto
a él y luego se pasaban un rato charlando de sus
cosas sentados en los bancos de la plaza.
Los niños no lo sabían pero los Reyes Magos
que estaban preparando la campaña de Navidad y se
dieron cuenta de lo que sucedía, decidieron darle
a Sebastián el poder de tener memoria para que les
contase cuales eran los deseos de cada niño.
Llegó la noche de Reyes y todos los niños
del pueblo limpiaron sus zapatos, como es la costumbre,
para que los Reyes les dejaran allí sus juguetes.
Pablo que era un niño rico, recibió sus juguetes
caros, la gran sorpresa, fue que sus padres estuvieron junto
a él todo el día, pues normalmente no lo hacían
porque estaban separados y pasó un día muy
feliz.
Eduardo recibió los juguetes que había pedido,
pero su sorpresa fue que un grupo de niños de su
barrio le llamaron para jugar, pues como era muy tímido
tenía pocos amigos.
Marta recibió pocos juguetes, pues sus padres eran
pobres, pero se encontró con la sorpresa de que Ana
que había recibido dos regalos repetidos se presentó
en su casa, para regalárselos.
Juan y Carlos que habían sido bastante traviesos
recibieron algo de carbón, algún regalo y
tuvieron la sorpresa de que sus abuelos a los que veían
poco, pues no vivían en el mismo pueblo, les fueron
a visitar.
Esther y Luisa que eran gemelas, solían recibir pocos
juguetes pues todo lo tenían que repartir, esta vez
recibieron más juguetes que nunca, pues se habían
esforzado mucho en sus estudios.
Javier además de sus juguetes, recibió la
noticia de que sus primos se venían a vivir al pueblo,
pues a su tío le daban trabajo allí, y se
puso muy feliz porque les echaba mucho de menos.
Y así todos los niños de ese colegio recibieron
alguna sorpresa que les alegro mucho, además de sus
juguetes. Gracias a Sebastián que había escuchado
sus conversaciones mientras jugaban junto a él.
Terminó el invierno y se fue el frío y la
nieve, Sebastián se derritió y los niños
se pusieron muy tristes, pues se habían dado cuenta
de que les había traído mucha suerte, y decidieron
que a partir de ahora, esa plaza para ellos se llamaría
Sebastián, y cada tarde se reunirían allí
para jugar, y volverían a construirlo la próxima
Navidad.
JOSE ANGEL BAYO VEGA 2º E S O A
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