MARINA BARREDO FERNÁNDEZ 3º E S O – A


Colegio Diocesano San Ignacio

 

NUNCA SE PIERDE LA ILUSION EN LA NAVIDAD

Esta historia comienza en un pueblo de montaña del Bierzo. Allí vivía una familia con tres hijos. El mayor tenía 18 años, la mediana 14 y el pequeño 5.

Se acercaba la Navidad y Juan, el pequeño, estaba deseando que llegara para tener muchos regalos. Todos los días por la mañana, Juan, despertaba a sus hermanos Ana y Pablo, este último era muy testarudo.

Un día cuando Ana y Juan venían del colegio se encontraron con Pablo que venía del instituto. Juan le estaba contado a su hermana que hoy en el colegio le habían escrito la carta a los Reyes Magos, porque el Mago Chalupa vendría el viernes a por todas las cartas. Juan comenzó a leer su carta y mientras, su hermano Pablo se burlaba de él. Juan se enfadó tanto que salió corriendo hacia casa a contárselo a su madre. Mientras, Ana y Pablo peleaban por lo que había sucedido. Pablo le decía a su hermana que tendrían que decirle ya a Juan que los Reyes Magos no existían, Ana lo ignoró. Al llegar a casa le esperaba una buena reprimenda. Su madre le esperaba enfadada en la puerta. Ana saludó a su madre y entro en la casa. Pero Pablo no lo hizo por que su madre lo detuvo. Y le preguntó que había pasado por el camino. Pablo se lo contó y también la conversación con Ana. Su madre muy enfadada, le dijo que esperar a que llegara su padre.

En la casa, Juan lloraba desconsoladamente sobre las piernas de su hermana, pablo paso de largo hacia su habitación. Temía que su padre le castigara este fin de semana, porque sus amigos y él habían preparado una fiesta para celebrar que llegaban las vacaciones de Navidad. Él entró en su habitación y se tumbó en la cama. Al poco rato, llamaron a su puerta, era su padre y no tenia cara de estar muy contento. El padre pasó y se sentó al lado de su hijo. Ellos comenzaron a hablar sobre lo sucedido, pero su padre se enfadaba cada vez mas cuando le contestaba.

Después de casi una hora de conversación, su padre le dijo que para qué iba a una fiesta con sus amigos para celebra que llegaba la Navidad si no creía en ella. Pablo intento hablar, pero su padre continuó. Le contó que, cuando ellos eran pequeños, bajaban a dormir a la sala la víspera del dia de Reyes. Así era los primeros en ver los regalos.

Pablo comenzó a recordar, pero dijo: ”Eso fue el pasado ahora yo ya sé que ellos no existen y que sois vosotros”. El padre, que seguía sorprendido por el comportamiento de su hijo, le ordenó que pidiera disculpas a Juan y también le recordó su castigo.

A la hora de la cena no se menciono el tema, pero luego, mientras veían la televisión, Juan le contó a su padre lo que había hecho en el colegio hoy. Pablo no paraba de reírse y Juan se sintió tan mal que corrió desconsolado, hacia su cuarto. Ana y su madre fueron tras él. De nuevo el padre y Pablo quedaron solos. Su padre lo miró fijamente y luego dijo: “la ilusión es lo último que se pierde, sobre todo en los niños. Ellos son muy felices con sus regalos y, aunque nosotros los compremos, también nos hace ilusión verlos así. ¡Ah! Se me olvidaba, añade a tu castigo que la noche del 5 de Enero tendrás que disfrazarte de Rey Mago y darle una sorpresa a tu hermano”. Pablo se echo a reír, porque creía que no era verdad este ultimo castigo de padre. Lo volvió a mirar y vio en sus ojos que no bromeaba. Entonces se levanto y se dirigió a su cuarto.

Mientras, en la habitación de Juan, Ana y su madre salían porque se había quedado dormido. Ana fue a su cuarto y su madre hacia la sala. Las dos nos miraron a Pablo, estaban realmente enfadadas.

Sus padres comentaban en la sala lo sucedido, pero no todo, porque el padre no comento el nuevo castigo de Pablo. Sería un secreto entre él y su hijo mayor. Pablo no conciliaba el sueño y se levanto de la cama. Aquello era increíble, él era muy dormilón y no le podía estar pasando a él. ¿De donde sacaría el traje del Rey Mago?. Su amigo Luis tenía los trajes de los Reyes Magos. Estaba claro, se los pediría a él, la mañana siguiente. Se tumbó de nuevo en la cama y casi al instante se quedó dormido.

A la mañana siguiente, como de costumbre, Juan fue a llamar a Ana pero para sorpresa de todos a Pablo no. Todos desayunaban en la cocina cuando entró Pablo. Al cabo de un rato Pablo le preguntó a Juan porqué no había ido a despertarle. El pequeño no contesto y siguió desayunando. Más tarde, salió con su hermano de casa para ir al colegio.

Por el camino toparon con los amigos de Pablo que iban a buscarlo. Pablo salió a su encuentro se dirigieron al instituto. Pablo habló con sus amigos de lo sucedido y le pidió a Luis uno de los trajes. Sus amigos le dijeron que se había pasado y que para conseguir que le levantaran el castigo hablara con su hermano y le pidiera disculpas. El se negó. Esto era impensable, todos en su contra, su familia y sus amigos. Uno de ellos tomó la palabra y dijo: “ si a ti te lo hubiera hecho, ¿qué pensarías?”. La pregunta quedó en el aire sin respuesta, pero Pablo pensó en ella. La mañana transcurrió con normalidad. Pablo y Juan no se hablaron durante tres días. Pero el viernes Juan estaba muy contento porque hoy podía ver al Mago Chalupa, ayudante de los Reyes. Fue una idea muy especial para él. A la salida le contó todo a su hermana y al llegar a casa a sus padres.

Esa tarde Pablo quedó con sus amigos ya que el sábado no podría salir y les dijo lo siguiente:” He pensado mucho en lo que dijisteis ayer, mi hermano tiene que seguir creyendo en ellos como yo lo hice. Por eso mañana pasaré todo el día con él y le contaré como lo vivía yo a su edad, y el cinco de Enero haré lo que mi padre me dijo. Os quisiera decir una última cosa, quiero que estas Navidades sean las mejores de mi hermano, así que necesito a dos, para que hagáis de Reyes Magos conmigo. Luis y Carlos, un chico negro, se ofrecieron voluntarios y los demás también ayudarían en lo que pudieran.

El sábado por la mañana Pablo entró en la habitación de Juan y le despertó. Juan se sorprendió y todavía más cuando su hermano le pidió perdón y lo abrazó. Los dos se levantaron y prepararon el desayuno para toda la casa. Su padre estaba muy sorprendido. Los tres hermanos fueron al videoclub y alquilaron un montón de películas de Navidad.

Por la tarde, en la sala los tres vieron películas; jugaron y Pablo y Ana le contaron a Juan como vivían ellos antes la noche de Reyes. Juan se lo pasó muy bien. Esa noche el padre habló con Pablo y le dijo:” Veo que has cambiado de opinión, si quieres puedes ir a la fiesta”. Pablo dijo a su padre:” No, prefiero quedarme con Juan y Ana. ¡ Ah ¡ Papá la noche de Reyes Juan quiere que durmamos los tres en el salón, y no se si me dará tiempo a disfrazarme”. El padre le levantó el castigo por sus buenas intenciones.

Fueron unas Navidades muy bonitas y familiares.

Pablo pidió a Jose, otro amigo, que se disfrazara por él y que a las doce de la noche el cinco de Enero llamaran a su puerta. Sus amigos lo prepararon todo. Era la noche de Reyes y los tres hermanos preparaban la sala para dormir. El reloj dio las doce y el timbre sonó. ¿Quién podría ser a estas horas?. El padre Abrió la puerta y tras ella aparecieron los tres Reyes Magos, que pasaron a entregarle los regalos a Juan. Juan se sorprendió mucho, e incluso su padres y Ana. Cuando se fueron, Juan comenzó a saltar y todos abrieron los regalos. El padre miró a Pablo y le sonrió. Esa noche todos durmieron en el salón y desde entonces es una tradición en su casa.

F I N

MARINA BARREDO FERNÁNDEZ 3º E S O – A


[Inicio de Página]