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En una fría mañana de invierno, a lo lejos,
al cobijo de una iglesia, estaba Alicia, una niña
de cinco años arropada solo por unos cartones.
A pesar de su corta edad, había perdido a sus padres,
no sabía quienes eran sus abuelos y no tenía
a nadie con quien pasar las navidades. Ella, pedía
comida y algo de ropa para abrigarse.
Antonio era una persona bien adinerada, el cual carecía
de familia. En este día tan especial, el día
de Navidad, se dirigía a la iglesia para poder contemplar
un maravilloso belén viviente.
Al llegar a la puerta de la iglesia, encontró a
Alicia, aterida por el frío y encogida por su miedo.
Antonio le pregunto:
¿Cómo te llamas? y ¿Qué haces
aquí?
Alicia:
Me llamo Alicia y no tengo donde ir.
Antonio:
¿Te gustaría ir a mi casa a pasar la Navidad?
Alicia:
Me encantaría.
Una vez hablado con el párroco de la iglesia, le
confirma que los padres de Alicia habían muerto en
una accidente de coche y que no tenía familia alguna.
Pasaron los días y Antonio y Alicia se fueron queriendo,
hasta el punto de que Antonio decide adoptarla.
Antonio empezó a tramitar todos los papeles necesarios
para llevar a cabo este término.
El tiempo fue pasando, y transcurrido un año, concretamente
el veinticuatro de Diciembre, reciben una carta concediéndole
la custodia de Alicia.
A partir de este día se puede decir que los milagros
existen.
Fin.
Ester Costa López 4º
ESO- A
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