CRISTINA MORO MURCIEGO 4º E S O – B


Colegio Diocesano San Ignacio

 

CUENTO DE NAVIDAD

Este cuento narra la historia de una aldea. Era un pueblo entre tantos, no tenía nada en especial. Se situaba en la ladera de una montaña, y sus habitantes vivían del bosque. Cazaban sus animales, pescaban en el lago pero, sobretodo, recogían la leña, ya que tenían una antiquísima tradición carpintera. Esta tradición se remontaba más allá de la Edad Media, y estaban realmente orgullosos de ella. No era para menos: hasta el mas torpe de los vecinos era todo un experto tallista. Incluso los niños más pequeños aprendían, ya en la escuela, a trabajar la madera, con la que fabricaban sus propios juguetes.

Si bien he dicho que era una aldea sencilla, sin nada en especial, no se puede decir lo mismo de su Navidad, a la que daban mucha importancia. Cada año, las aldeanas escribían una historia navideña, normalmente basada en las antiguas leyendas que se iban transmitiendo de forma oral (porque los habitantes de esa aldea todavía tenían tiempo de cantar y escuchar historias).

Estos cuentos eran luego recitados y representados el día de Navidad; y muchos vecinos de otros pueblos o de la ciudad acudían a escucharlos. También iba mucha gente a comprar las figuras de Belén que los aldeanos tallaban, que eran auténticas obras de arte.

De esta manera, se habían ganado la vida desde mucho tiempo atrás. Nunca tuvieron grandes riquezas, pero no les hacían falta. Tenían lo necesario para vivir, y la mayor fortuna de todas: la felicidad.

Pero, poco a poco, la situación empezó a cambiar. Cada vez iba menos gente a escuchar sus historias y comprar sus figuras. El restaurante, el hostal y varias carpinterías tuvieron que cerrar. Mucha gente se quedó sin trabajo; y los que aún tenían, se veían con serios problemas para mantenerlo.

Alarmados deciden ir ellos a la ciudad, a ver que sucedía; y enviaron a un grupo de personas. Regresaron a los pocos días muy abatidos, la gente ya no estaba interesada en historias, ahora tenía la televisión, que la podían ver sin moverse de casa. Y las figuras de Belén ya no estaban de moda. Lo que ahora se llevaba eran unos abetos, que la gente colocaba en sus casas y los adornaba; y que, cuando acababa la Navidad, los tiraban.

Estas extrañas costumbres sorprendieron muchos a los aldeanos. No comprendían porque había vuelto la costumbre de decorar el árbol; que venía de un rito muy antiguo pero que no tenía nada que ver con la Navidad, sino con la llegada del invierno. Pero esta nueva costumbre les favorecía: ya podían tener una nueva ocupación. Árboles había muchos en el bosque, no pasaría nada porque talaran unos cuantos.

El negocio de los árboles de Navidad fue todo un existo. Los leñadores ganaban tanto dinero que los aldeanos abandonaron sus profesiones para vender árboles. También les iba que no se dieron cuenta de que el bosque había comenzado a desaparecer. En pocos años, donde antes había un bosque inmenso ahora solo quedaban unos cuantos matorrales, y poco más.

Los aldeanos ya no tenían nada que hacer. Sin el bosque, no tenían árboles para vender, ni madera para tallar, ni animales para cazar. En el pueblo ya no podían vivir. Tuvieron que abandonar sus casas e irse a vivir a la ciudad. Crearon un nuevo barrio a las afuera que era, probablemente, el más pobre de todos. Alguno de ellos encontraron trabajo, e intentaron ayudar a los demás. Pero lo más admirable de estas personas es que no han dejado, en ningún momento, de ser felices.
No han perdido la ilusión e intentan como pueden mejorar su situación. Todavía escriben sus historias y siguen recitándolas. Cada vez más personas van a escucharlas, tal vez algún día vayan tantas como antes.

Este cuento bien podría ser una de estas historias. Espero que les haya gustado.

CRISTINA MORO MURCIEGO 4º E S O – B

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