Me
llamo Juan Antonio Vecino Ferrer.
Nací en Huesca en 1956, aunque desde 1961 viví
en Ponferrada. En la actualidad vivo en Zaragoza, estoy
casado y tengo dos hijos (niño y niña). Soy
médico y compagino mi actividad de profesor en la
Universidad, con la consulta privada y la jefatura del Servicio
de Acupuntura de la Policlínica de Cruz Roja en Zaragoza.
Haciendo un gran esfuerzo de memoria,
creo que entré en el colegio en primaria, en el curso
1962-63.
Dejé el colegio tras terminar 6º de Bachillerato,
después de once años, en 1973. Ese último
curso (1972-73) era el primer año que se impartía
C.O.U., y coincidió con la presencia por primera
vez en el colegio de alumnas, lo que supuso una autentica
convulsión.
Parece ser (nosotros no éramos excesivamente conscientes)
que aquellos años eran un tanto "moviditos"
políticamente y, concretamente Asturias era una zona
donde se vivía más intensamente esa situación,
lo que hizo que mis padres tomaran la decisión de
enviarme a Huesca a estudiar C.O.U. con la intención
de que realizará mis estudios universitarios en el
distrito de Zaragoza, en vez de en Oviedo.
Mi primer recuerdo del colegio coincide
con mi primer día en él. Una mañana
soleada pero fría, con el olor al humo de las chimeneas
de carbón y, yo en pantalones cortos, calcetines
altos y mis botas -gorila-, me asomo por el portón
(Avda. Compostilla) y veo todas esas escaleras que descienden
al patio -pequeño-; esa imagen se ha quedado fija
en mi retina.
De aquella primera etapa en los cursos
de primaria recuerdo con un especial cariño a D.
Andrés (¡Que buena persona y profesor!).
Eran mis primeras notas y yo corrí a casa a enseñárselas
a mis padres, era la satisfacción de sentirme mayor
(hasta entonces aún habiendo ido a otros colegios
nunca las había recibido). Ese día aprendí
que lo importante no era recibir notas, sino lo que en ellas
se reflejaba, y aquello fue un autentico desastre, solo
aprobé una (ni siquiera recuerdo cuál).
Aquellos partidos de fútbol (generalmente con balones
de goma pinchados) que jugábamos en el patio pequeño
y que generalmente acababan "embarcando" la pelota
en el cuarto de las calderas; que a veces con el permiso
y otras sin él, del Sr. Feliciano (o Sr. Felix, no
recuerdo el nombre aunque si su imagen), recuperábamos
a oscuras y entre carbón.
Desde la lejanía en el tiempo y
el espacio, al sentarme a escribir estas líneas recupero
recuerdos, que ni me podía imaginar conservar.
Si bien es cierto que en algunos momentos el colegio se
convertía en una tortura (no tenemos más que
mencionar algunos castigos, "bofetadas", y aquellos
malditos "puntos"de las agendas que nos amedrentaban
constantemente), me resulta entrañable hasta recordar
el "nauseabundo" olor de los servicios; las carreras
"campo a través" a las nueve de la mañana,
casi sin haber amanecido, bajo cero, que dieron tan buenos
corredores en el colegio ¡Claro!.
De los profesores, ¡de todo!
Recuerdo el día que con D. Lucas nos enseño
con el microscopio mis primeras vorticelas, paramecios,
etc. (por cierto como partía los cigarros en tres
para fumárselos).
No tengo buen recuerdo de D. Santos (lengua española),
o mejor si que tengo dos puntos de sutura en la boca, que
me lo recuerdan cada vez que me afeito.
D. Felipe (de cuyo homenaje no me enteré y me hubiera
gustado haber estado), que me ha hecho disfrutar del mundo
romano toda mi vida y todo por como me lo contó él
entonces. De mis conocimientos de geografía, que
aunque entonces no se veían reflejados del todo en
las notas, me han servido para mucho más que para
ganar en el "Trivial". Y como disfrute del museo
D’Orsay, contemplando y entendiendo a los "impresionistas"
que me había explicado en sexto.
D. José una fabulosa persona a la que siempre aprecie,
aunque nunca entendí (o si, con la edad) porque me
suspendió en Junio (único suspenso) y en Septiembre
de nuevo, las veinte paginas de Química de 4º,
lo que supuso no poder examinarme de revalida y por tanto
repetir curso.
Qué decir del padre Julio. Bueno por lo menos la
"Guerra de las Galias" y la "Conjuración
de Catilina" si las recuerdo con cariño. Lo
que si se me ha olvidado con los años, es el ánimo
de venganza.
El padre Monroy, que a pesar de sus enormes esfuerzos no
consiguió de mi más que el que hoy pueda "sobrevivir"
cuando voy a Francia. Sin embargo si que me enseño
a querer la literatura francesa (eso si, en español).
Y que bien se portó con nosotros en el viaje de estudios
a Mallorca, ¡nos dejo hacer lo que quisimos! (siempre
dentro de las normas)
Del resto, pues "bosquejos". Del profesor de dibujo
del que no recuerdo más que su "mote",
que por respeto no voy a decir. Pero ¡que "tirones
de las patillas"! (estos si nos lo merecíamos
porque con él nos portábamos como auténticos
"psicópatas"). El padre Lauro, fue un buen
tutor; el Rector (del que tampoco voy a mencionar su mote),
que creo que hacía todo lo que podía. Montes
profesor de gimnasia del que tuve la suerte de no disfrutar
muchos años. Con Sáez como profesor de gimnasia
fueron los mejores años de deporte del colegio y
eso que para él lo ideal era la halterofilia.
Recuerdo aquellos días de Santo Tomás con
los partidos de fútbol contra el Instituto "Gil
y Carrasco" (bueno, yo iba a animar).
Los "Día del Colegio", con las tablas de
gimnasia, que acababan con la confección del escudo
en el centro del patio. La exposición de dibujos
y trabajos manuales. Y por la tarde el "Festival",
que siempre terminaba con la concesión por parte
del Sr. Obispo (correspondiente), del lunes de vacación.
Estos días si que contaron muy frecuentemente con
mi participación, sobre todo porque los ensayos (casi
durante un mes antes) nos permitían salir de clase.
Recuerdo un "desastroso Concierto de Aranjuez"
a la guitarra, pero cualquier justificación era válida
para la causa.
De todo este tiempo lo que ha quedado en mi corazón
han sido los compañeros, que además, al repetir
en 4º, pude disfrutar de los de dos promociones. De
la primera a José M. Trabado, Manuel Sánchez
Lagarejo, Paco Zarza (desgraciadamente fallecido); de los
que repetimos ese año y que son de los que mas añoranza
tengo (las desgracias unen) J. Manuel Vuelta Núñez
y Amadeo Vázquez Lorenzo, a los que hace exactamente
30 años que no veo ni sé nada de ellos, por
lo que como si de un programa de televisión se tratara
pido ayuda para localizarlos; finalmente recuerdo con cariño
a Zarauza, Deus, Carracedo y muchos otros.
Siempre que asocio alguna canción a aquellos años
me quedo con "Satisfactión", pero sin dejar
de lado Beatles, o en España "Los Canarios (Tedy
Bautista)". Lo cierto es que hace 30 años que
la música no ha cambiado y solo se hace que versionar
o "revival" de las canciones de aquellos años
60-70.
Conocí el cambio que supuso lo que
entonces eran las "huertas", a donde nos escapábamos
y bañábamos en la acequia, y la urbanización
del polígono de "Las Huertas", por donde
recorrimos todo su sistema de alcantarillado. Con los años
se convirtió en el paseo de los recreos, bien dirección
"Alemanas", donde hacíamos nuestros pinitos
de cortejo, bien hacia "Roe" (ida y vuelta).
Como he comentado anteriormente, el colegio
se hizo mixto, el último año, cuando yo hacia
sexto, por lo que aunque no compartía aulas (sólo
acudían chicas a COU), fue una autentica convulsión.
Si ahora me preguntaran y con la experiencia de la vida
e incluso profesional, si bien considero que es importante
la enseñanza mixta, por lo que de integración
y de hacer cotidiana la convivencia entre ambos sexos supone,
desde el punto de vista educativo creo que no es del todo
acertado en edades tempranas. Las niñas tienen una
maduración más precoz que la de los niños,
y a misma edad supone una diferencia mental y emocional
de casi dos años a favor de las niñas, con
lo que, en este mundo de competitividad que ya se inicia
en edades infantiles (desgraciadamente), supone un factor
de ansiedad o de conformismo o, peor, de frustración
en los niños.
Durante mi bachillerato nunca me plantee
acabar siendo médico (por muchas series televisivas
del "Dr. Welby; Dr. Gannon,.."), de hecho yo hice
5º y 6º de letras. Ya era muy prosaico, cuando
decidí que los licenciados en lenguas Semíticas
eran tan sólo 7 u 8 al año, lo que suponía
una salida profesional asegurada en cualquier embajada árabe.
Sin embargo por casualidades, "pasaba por ahí",
"destino", ¡yo que sé!, el caso es
que acabe estudiando medicina (de lo que nunca me he arrepentido)
aunque no dirigí mis pasos hacia lo más convencional
sino hacia la Acupuntura. Al terminar la carrera estuve
viviendo en China durante seis meses gracias a una beca
del Ministerio de Sanidad, y a partir de ahí comencé
a trabajar en la Universidad de Zaragoza, como profesor
de Acupuntura, investigador en Acupuntura, etc. Es decir
mi vida ha estado dirigida desde entonces al reto de dignificar
una técnica médica que en mis inicios en España
estaba bastante denostada. Hoy viajo por todo el mundo impartiendo
clases y conferencias y estoy muy orgulloso de lo conseguido,
especialmente por el esfuerzo que ha supuesto.
Cuando se me pregunta que, ¿que recomendaría
a los actuales "chavales" que tienen la disyuntiva
de elegir una profesión? Siempre les diría
que por encima de la sociedad, los amigos, la familia, están
ellos individualmente, y que deben seguir sus ilusiones,
pero sabiendo que conseguirlas exige el máximo
de esfuerzo. Se puede ser músico, médico,
guarda forestal, bombero, profesor, etc., pero hay que intentar
ser el mejor y desde luego evitar culpabilizar a la sociedad
de lo que no conseguimos, evitar ser pusilánime,
evitar ser conformista, no "ver crecer la hierba"
sino regarla, cuidarla y segarla.
Como quiera que parece que debo contestar
a un cuestionario personal, voy a intentar rellenar lo no
contado a lo largo de mi exposición:
El fotomatón
Soy "maño" de nacimiento y por tanto mi
equipo de fútbol siempre fue el Zaragoza, con lo
que siempre estaba fuera del sistema que exigía ser
del Madrid, Barcelona o incluso del Bilbao.
Mis deportes han sido muchos.
Por tradición familiar el Baloncesto (aunque no seré
el más famoso de la familia). En la Universidad estuve
en el equipo de Rugby, donde aprendí a jugar por
jugar, a superarme por mi mismo sin competir con nadie y
a disfrutar del compañerismo. Actualmente tengo que
practicar deportes que me permitan compatibilizar con el
trabajo y la edad y eso me lleva a jugar 3 partidos de tenis
a la semana y, ocasionalmente alguna incursión en
el esquí.
A mis hijos los he dormido
con cuentos, historias de mi infancia, y con alguna que
otra canción (cosa que no se me ha dado mal en esta
vida) y después de dos horas, apagando la luz y cerrando
la puerta.
Disfruto como un niño con mis hijos
jugando al "monstruo de las cosquillas", o viendo
un partido de baloncesto, o buceando, o esquiando, pero
siempre con mis hijos, que son los que ejercen en mi esa
transformación.
Con los años mi mayor desilusión
es la gran pérdida de valores éticos (y aquí
no hablo de los religiosos) de la gente en general. Y no
me refiero a la sociedad, que siempre es un concepto abstracto,
sino a las prioridades individuales, que nos convierten
en meros depredadores de todo aquello que nos sirve, sin
pensar que medios y a quien podemos perjudicar.
Sí tengo que hablar de una
manía es difícil decantarme por una
concreta (tengo muchas), pero quizás se podían
resumir en como me defino "Un ácrata dentro
de un orden".. Considero que hay que regularse por
unas reglas mínimas que faciliten la convivencia,
pero que a su vez la sociedad y la comunidad no pueden subyugar
al individuo, impidiendo su desarrollo interior, que desgraciadamente
es lo que ocurre, amparados en "lo importante es la
Sociedad y todo depende de la mayoría". Yo creo
que no por ser mayoría se tiene razón, ya
que las masas son muy fácilmente manipulables.
Soy de gustos poco selectivos
en cuanto a comer y a beber. Si tuviera que elegir un vino,
seguro que me conformaría con el de la casa, pero
no desprecio un buen Bierzo (siempre que puedo) o un Somontano
(oscense).
Desde luego que en una cena para dos pediría
para mí y dejaría a la otra persona que pidiera
por si misma. Ya no estoy en edad de sorprender con las
viandas a mi mujer, que sin duda sería mi pareja.
Lo que si solemos hacer es siempre que viajamos, es comer
lo característico y típico de la zona y desde
luego considero que lo importante de otras culturas no solo
son las piedras, sino observar la vida cotidiana de las
gentes y dentro, su comida. Me encanta decidir si una cosa
me gusta o no después de haberla probado.
Para terminar deseo agradecer y felicitar
a Fidel por esta iniciativa que desde la lejanía
en el espacio, me ha ayudado a reencontrarme con el pasado
que tenía aletargado en el subconsciente. Tenéis
un amigo y compañero en Zaragoza. Gracias.