Carlos López Riesco (Ponferrada, 1965) estudió
en San Ignacio desde tercero de Primaria hasta acceder a
la Universidad, por lo que estuvo en el centro desde mediados
de los setenta hasta principios de los ochenta. Hablar de
San Ignacio para él es hablar de su adolescencia y sus años
de bachiller. Aunque confiesa que nunca fue elegido delegado,
sí mostró sus dotes de organizador cuando montaba todo tipo
de espectáculos de música y teatro. Con un amigo, Tino Morán,
hablaba largas tardes de Ponferrada y de cómo mejorarla.
Entonces ni soñaba que iba a ser el alcalde de la ciudad.
“Al
salir al recreo siempre estaba Pepe el Barquillero esperándonos.
Ahora, cuando salgo de la Alcaldía a tomar el café, siempre
veo su estatua y cruzamos un guiño de complicidad”
¿Cómo
era el Colegio Diocesano San Ignacio en el que usted pasó
buena parte de su adolescencia y juventud?
Era
un colegio que estaba en el extrarradio de la ciudad, que
para llegar a él había que atravesar el polígono de Las
Huertas por un camino que pasaba por debajo de la cemba
de la avenida de Compostilla. Aquello estaba lleno de cardos...
A llegar, sobre todo en invierno, nos cruzábamos con el
carbonero, que vivía allí al lado, que salía con su carro
de carbón, tirado por un caballo, para iniciar el reparto
por toda la ciudad... Hoy esa estampa es una foto en blanco
y negro irrecuperable con los camiones de reparto o el gas
natural. Recuerdo perfectamente los partidos que disputábamos
en lo que llamábamos “El Campo Calvo”, porque no tenía ni
una pizca de hierba. Estaba en el lugar que hoy está la
cooperativa de viviendas de Endesa. Era lo que teníamos
para jugar al fútbol. San Ignacio estaba en las afueras
y eso también tenía sus ventajas, como el poder hacer gimnasia
a lo largo y ancho de todo el polígono.
¿Cómo
eran los recreos?
Supongo
que en el fondo muy parecidos a hoy, aunque ahora las golosinas
de los niños sean otras, los juegos siguen siendo más o
menos los mismos. De quien nunca me olvidaré en los recreos
es de Pepe el Barquillero, aquél personaje entrañable que
todos los días iba a vender sus barquillos y obleas, con
la ruleta y el cubo rojo al hombro. Era el gran acontecimiento.
Curiosamente, lo que era una visión obligada cada día a
la puerta del colegio en los recreos lo es también hoy desde
mi despacho en la Alcaldía de Ponferrada, ya que cada vez
que bajo a tomar un café lo veo y yo creo que hasta cruzamos
unas sonrisas de complicidad (ríe) Sí, era un gran tipo
y aunque los que estudian ahora en el colegio no puedan
acordarse de él por motivos obvios, sus padres y abuelos
seguro que sí, ¡y me encanta que la gente se haga fotos
al lado de él!
Cuando
usted entra en el colegio todavía no era un centro mixto.
Eso le daba otra forma de vida a los colegios de la época
que hoy se les haría extraña a los alumnos. ¿Cómo fue la
llegada de las chicas y cómo era la convivencia con ellas?
Empezaron
a ir dos años antes de iniciar el BUP... ¡Aquello fue un
cambio drástico y total! La verdad es que las que más valor
tenían eran ellas, porque había que echarle valor porque
éramos unos auténticos animales. Encima eran muy pocas.
De aquella las clases eran de cuarenta alumnos y en mi clase
habría cuatro o cinco chicas.
¿Recuerda
alguna rivalidad con algún otro colegio o instituto?
(Ríe)
No, hombre, ¿cómo iba a haberla si dominábamos en todo?
¿Y
con los colegios de monjas?
No,
rivalidad no, con las Concepcionistas había sentimientos
cruzados. Las Alemanas estaban más cerca pero nos tiraban
más las otras... Cuando empezábamos a dejar el balón era
cuando empezábamos a rondar por su colegio. Cosas de la
edad.
Dicen
que los políticos lo son desde pequeños. ¿Soñaba usted con
ser alcalde de Ponferrada? ¿Se presentaba a delegado de
clase y esas cosas?
Nunca
soñé con la posibilidad de ser alcalde, la verdad, y aunque
alguna vez estuve cerca de ser delegado, nunca lo logré.
Entonces no
se presentaba uno, sino que se votaba en clase a una persona
sin “candidaturas”. Y aunque nunca pensaba en ser alcalde
sí recuerdo que hablaba de vez en cuando con un amigo, que
lo sigue siendo, Tino Morán, sobre la ciudad, lo que se
podía hacer, lo que no... Tenía ganas de proponer cosas,
ideas, sugerencias... pero no me planteaba la política como
forma de ponerlas en prácticas. Era el año ochenta u ochenta
y dos. Sin embargo, ya ves, en 1991 entré en el Ayuntamiento
como concejal y hasta hoy, primero cuatro años en la oposición,
luego siete como concejal de Fomento y desde el verano de
2002 como alcalde.
Con
esta entrevista se inaugura la web del centro. ¿Cómo eran
los medios que había entonces?
Me
alegro de que tengan una página tan simpática y que se acuerden
de los antiguos alumnos y les agradezco que me hayan elegido
a mi para inaugurar estas entrevistas con la cantidad de
gente importante que hay entre los exalumnos... Yo soy un
defensor a ultranza de las nuevas tecnologías y por eso
me parece estupendo que San Ignacio también las aproveche
al máximo. En aquellos años hacíamos círculos en la pizarra
con un compás de madera o con una cuerda y una tiza, que
nos enseñaba don Santiago, nuestro profesor de Dibujo. De
aquello a los ordenadores de hoy y esta página web, fíjate
tú si no ha habido avances. Por cierto, nuestro curso fue
el primero que hizo una orla, algo que desde entonces se
ha ido repitiendo. Fue todo un acontecimiento... Y allí
sigo “colgado”.
¿Mantiene
relación con muchos antiguos alumnos?
Sí,
claro, porque yo fui uno de los fundadores de la tuna de
San Ignacio y todavía seguimos reuniéndonos. Todos ellos
siguen siendo mis amigos. En cualquier caso me gusta reencontrarme
con antiguos compañeros. Afortunadamente ahora hay más oportunidades
en la ciudad para trabajar, y en eso estoy yo particularmente
obligado a trabajar, para que haya cada vez más, pero sí
es cierto que entonces muchos tenían que ir a estudiar fuera
y ya no volvían más que en vacaciones. Hoy sigue habiendo
profesiones que aquí no tienen cabida, pero afortunadamente
menos que entonces. Y eso es bueno.
El fotomatón
Lo esencial:
Carlos López Riesco nació en Ponferrada el 10 de junio de
1965, está casado y es padre de una niña. Es licenciado
en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid y Master
en Asesoría Fiscal de Empresas por el Instituto de Empresa
de Madrid. Desde 2002 es alcalde de Ponferrada.
Estuve San Ignacio:
Desde tercero de Primaria hasta COU.
Mi mejor recuerdo:
Las actividades culturales, en las que me encantaba participar,
sobre todo si tenían que ver con la música.
El profesor del que mejor recuerdo guardo:
Tuve grandes profesores, es difícil hablar sólo de uno porque
de muchos guardo buenos momentos. De todos modos, si es
que hay que nombrar a alguno, y que me perdonen los demás,
debo decir que guardo muy buena relación desde entonces
con Josefina, me llevo muy bien con ella.
Y del que no quiero acordarme:
Eso queda para mí.
Mi equipo de fútbol:
Real Madrid.
Disfruto viendo este deporte: El baloncesto, el fútbol y el tenis.
Para practicar prefiero: Ninguno, siempre he sido un poco inútil
para el deporte, por eso me dediqué a la música. En la tuna
siempre decíamos que antes éramos un equipo de fútbol, pero
que el entrenador, harto de nosotros, nos invitó amablemente
a que nos dedicáramos a la música...
Mi canción es:
My Way, que aunque es de Paul Anka, me gusta en la versión
de Frank Sinatra.
He dormido a mi niña con:
Cosas de todo tipo, muchas veces de cosecha propia.
Disfruto como un niño con:
la música, cantando y con o sin guitarra. Lo hago menos
de lo que quisiera, pero cuando me reuno con mis amigos
es cuando estoy en mi salsa.
Una desilusión confesable:
No haberme dedicado más en profundidad a la música. Recibí
clases en el conservatorio y pude haberme dedicado más en
serio a ello... No fui lo suficientemente valiente. Cuando
salió Operación Triunfo me daba una envidia...
Una manía:
No tengo. Quizá el no jugar a las loterías.
Un vino: Del
Bierzo me gustan muchos, porque cada vez se están haciendo
mejor las cosas, por ejemplo Dominio de Tares, Cepas Viejas,
que tomé recientemente.
En una cena para dos pediría:
Un buen jamón de entrante y unos huevos fritos con patatas
fritas y chichos.