Mariola Estrada Pumariega: Nació
el 6 de abril de 1971 en Ponferrada y estudió en San Ignacio BUP y COU,
desde el curso 1985-1986 hasta el de 1988-1989. Los años del Colegio
fueron sin duda los de una actividad frenética derivada de la adolescencia
y primera juventud, los de emociones vividas con mucha fuerza con los amigos,
en los estudios, y los del comienzo de la asunción de responsabilidades,
pues uno se juega mucho al decidir su futuro profesional, o al menos su futuro
como preámbulo de unos estudios universitarios.
Estudiar en San Ignacio marcaba siempre al alumno. Se sabía que entonces
era, y lo continúa siendo, afortunadamente, un centro exigente, en el
que se pide al alumno mucho en el estudio, pero mucho en lo humano también,
en la necesidad de aportar como personas, como compañeros, y no sólo
como estudiantes. Las relaciones entre profesores y alumnos, lejos de caer en
la distancia y basarse sólo en lo académico, nos aportaban otra
visión de las cosas y un ambiente, por supuesto, mucho más cercano,
que tenía continuidad más allá del toque del timbre que
indicaba el final de las clases.
Soy de una generación abundante en número en la que las clases
estaban al límite de capacidad, aunque como a partir de 2º de BUP
elegí Letras puras, las materias propias de esa elección tenían
muy pocos alumnos. En 3º de BUP creo recordar que no sobrepasábamos
la decena, por lo que a nuestra aula la apodábamos, cariñosamente,
el microbús.
Yo era bastante ‘empollona’, pero aún así no me escapé
de la personalísima forma de dar clase del Padre Julio, al que todos
temíamos en 3º y en cambio en COU cambiaba absolutamente el método,
para alivio nuestro. Todo lo mal que lo pasé con el Latín de 3º
lo doy hoy, con el paso del tiempo, por bueno, porque creo que sí me
ha servido, y me continúa haciendo falta como base de nuestra cultura,
aunque en la mente de todos esté ese peyorativo apelativo de Lengua muerta.
Lo que más me importa de aquellos años eran las ilusiones, los
amigos, los objetivos y los sueños. Algunos de ellos se han cumplido
y al menos con otros lo he intentado. También el tiempo ha ido matizando
las cosas y han surgido nuevos proyectos y ganas de seguir en esa línea
de no perder las ganas de apostar por metas innovadoras.
-¿Cómo era el Colegio Diocesano San Ignacio en el que usted
pasó buena parte de su adolescencia y juventud?
Físicamente la parte histórica del Colegio estaba igual que en
la actualidad. Aunque no disponíamos del nuevo Pabellón en el
que hoy se ha ubicado a Primaria, por lo que el patio estaba más despejado
visualmente. En lo que se refiere a la parte académica, muy implicada
en hacer de nosotros unas personas responsables y con generar objetivos e ilusiones
por un futuro, por una carrera, por un medio de vida. Teníamos un horario
bastante apretado de clases y nuestra envidia eran la tardes libres de las que
disponían en los institutos públicos, sobre todo cuando llegaba
el buen tiempo.
-¿Cómo eran los recreos?
Una sucesión de corrillos de amigos, de charlas, siempre demasiado cortos.
En los últimos tiempos, además, solíamos ‘asaltar’ una
panadería cercana en la que nos tomábamos unos buenos bocadillos,
y en la que a pesar de su reducido tamaño éramos capaces de entrar
casi todos a la vez.
-Cuando usted entra en el Colegio era ya un centro mixto, pero aún
así el número de chicos superaba al de chicas en las aulas
Sí, siempre fuimos pocas chicas en las clases en comparación con
el número de alumnos, que nos llegaba hasta triplicar. Por mi parte he
tenido muy buena relación siempre con los chicos y grandes amigos en
el apartado masculino, aunque hoy el paso del tiempo y la pérdida de
contacto ha dejado a varios de ellos en el recuerdo de aquellos años. -¿Recuerda alguna rivalidad con algún otro colegio o instituto?
Siempre tuvimos nuestra rivalidad con las Concepcionistas, y nuestra meta final
era en Selectividad, sobre quiénes sacaban mejores notas en esa prueba.
Aunque no tengo un recuerdo de especial competitividad en otros asuntos, que
quizás se ceñía más a lo deportivo.
-Muchas personas ya tienen claro lo que quieren ser de mayores. ¿Es
éste su caso?
Pues sí, porque desde que era un bebé en mi casa recuerdan mi
afición por los medios de comunicación. La verdad es que no varió
ese objetivo y cuando llegué al Colegio tenía claro que quería
estudiar Periodismo. Lo que sí ha cambiado ha sido el medio de comunicación,
ya que siempre creí que lo mío era la radio, y ya véis,
llevo 9 años en la prensa escrita. Aunque alguna pequeña cosa
sí he hecho en radio, pero no como dedicación habitual.
-¿Qué nos podría resaltar sobre su trabajo?
¡Tantas cosas!... ¡Es que es muy amplio!... Bueno, lo principal
es eso que en mi tiempo de estudiante tanto nos machacaban, de la vocación.
Hoy parece que ha pasado un poco de moda y que se miran más otras cosas,
seguramente materiales. Pero yo veo incompatible ser periodista sin vocación.
La verdad es que ésta es una vida un poco desarreglada, sin horarios,
porque la actualidad no los tiene, con trabajo cuando seguramente la mayor parte
de tus amigos están de vacaciones, y con una tarea no muy fácil
de comprender si no se está en esto. Contar lo que pasa y hacer partícipe
de ello a los lectores, a los oyentes, a los televidentes, es algo que hay que
sentir. Y tiene un apartado inmejorable: que no me aburro nunca porque cada
día hago cosas nuevas, nuevas noticias, nuevos temas de los que escribir,
siempre surge algo distinto a la jornada anterior. Es algo imparable.
-¿Qué aconsejaría a los actuales alumnos del cole que
están en esa disyuntiva de elegir una carrera, profesión?
Que se guíen por sus instintos, por lo que realmente les guste. Que piensen
que van a pasar muchas horas de su vida en ello y no podrán llevarlo
bien si no están ilusionados con lo que hacen. Pero yo no soy partidaria
de las titulitis, sino más bien de que lo que se haga, se haga con ganas,
independientemente de la forma de ganarse la vida cada uno.
-¿Cómo se ve ahora, en el siglo XXI con las nuevas tecnologías,
los medios con los que se contaba en el colegio en aquellos años?
La informática a nivel de usuario estaba comenzando a desarrollarse y
nosotros ya estudiábamos esa materia. Pero claro, la evolución
de las nuevas tecnologías ha sido brutal. Lo más artesano que
recuerdo eran las láminas de Dibujo, con rottring y sus accesorios, y
las horas de domingos que pasé en ellas.
-¿Cómo se divertía en aquella época?
Pues creo que no de forma muy distinta a la de ahora. Lo fundamental era la
pandilla de amigos, y el convencer a los padres para que nos dejasen salir de
pubs el fin de semana, o al menos uno de los días, o al menos, alguno
al mes, aunque además tuviésemos otras aficiones más individualizadas.
-¿Nota mucho el cambio generacional?
Sí noto que han cambiado muchas cosas, como que los niños me llaman
señora cuando voy por la calle, pero creo que sigo teniendo el espíritu
joven, que es lo importante, ¿no?. La verdad es que me parece que falta
algo de ilusión, de forma general, en los jóvenes de hoy. Aunque
también en mi época nos acusaban de pasotismo.
-¿Mantiene relación con muchos antiguos alumnos?
No con muchos. El hecho de haber estudiado fuera la carrera y el destino profesional
de cada uno ha hecho que cambien las relaciones y que haya personas con las
que no me he vuelto a encontrar. Sí mantengo con algunos las buenas relaciones
de entonces. Eso no se pierde así como así, porque fueron unos
años muy intensos.
-¿Qué le parece la idea de hacer una Asociación de
antiguos alumnos?. ¿Participaría de ella?
Me parece estupendo que no se pierdan para siempre relaciones que fueron tan
entrañables en aquellos años de la primera juventud. También
creo que es interesante conocer cómo ha evolucionado cada uno. Por supuesto
que me gustaría participar en la misma.
-¿Cómo percibe el colegio hoy?
Mi hijo estudia en el mismo centro que lo hizo su madre, así que, a través
de él, aunque es muy pequeño, pues tiene cuatro años, veo
cómo evolucionan las cosas, el aprendizaje, y la propia marcha del centro.
En el aspecto meramente material, el hecho de que disponga de comedor nos hace
un gran favor a los padres que no podemos someternos a un horario similar al
de nuestros hijos, o la posibilidad de llevar a los niños por la mañana
al programa madrugadores, o el transporte, son avances que necesitamos quienes
trabajamos y tenemos niños. Por lo demás, varios de mis profesores
continúan dando clase y mantengo buenas relaciones con ellos. El proceso
de pasar de ser alumno a exalumno ha ayudado a madurar esa relación con
los profesores y esto, para mí, ha sido muy importante también.
El
fotomatón
Mariola Estrada Pumariega nació el Ponferrada
el 6 de abril de 1971. Está casada y es madre de un niño de cuatro
años y una niña de año y medio. Es periodista de profesión.
Se licenció en Ciencias de la Comunicación, especialidad Periodismo,
por la Universidad Pontificia de Salamanca. Por esta misma Universidad es diplomada
en Humanidades. Ha trabajado siempre en medios de comunicación de la
provincia de León. Desde 1995 es redactora del semanario Bierzo 7 de
Ponferrada.
Estuve en San Ignacio: BUP y COU entre 1986 y 1989
Mi mejor recuerdo: El de los compañeros, el de la excursión
de tercero a Italia, o el intercambio con unos jóvenes de nuestra misma
edad de EEUU, por el cual junto con algunos compañeros de clase estuve
en Oneida, en el Estado de Nueva York, y ellos estuvieron en Ponferrada durante
una temporada. Allí asistimos a las clases de su instituto y ellos hicieron
lo propio en San Ignacio
El profesor del que mejor recuerdo guardo: Aunque han sido
muchos, espero no ofender a nadie si destaco de forma especial a Fina y al Padre
Julio
Y del que no quiero acordarme: Alguno hay que se nos atraganta,
pero no lo voy a decir aquí
Mi equipo de fútbol: La Real Sociedad, aunque parezca
raro
Para practicar prefiero: Siempre me gustó el voleibol,
pero no he destacado especialmente en la práctica de deportes
Mi canción es: No creo que pudiese elegir una en concreto,
porque hay muchas que me gustan. ‘Ay amor’ de Víctor Manuel, la versión
que Armando Manzanero hizo de ‘Esperaré’ para Presuntos Implicados, o
los temas de Dire Straits
Mi película favorita: La trilogía de El padrino
El libro del que nunca prescindiría: Las horas completas,
de Luis Mateo Díez
He dormido a mis hijos con: Canciones tradicionales que a todos
nos cantaron alguna vez y cuentos de toda la vida
Disfruto como una niña con: La buena gastronomía,
los viajes, un buen libro...
Una desilusión confesable: Me hubiera gustado aprender
a tocar algún instrumento musical además de las castañuelas.
Ya sabéis, piano, violín... Y a pintar. Esto lo intenté,
pero no era lo mío
Mi mayor ilusión: Ver crecer a mis hijos sanos y envejecer
con mi pareja
Una manía: Supongo que tantas... Por ejemplo, en el
trabajo, siempre escribo las notas en mi cuaderno y con mi bolígrafo
habitual, no puedo hacerlo en cualquier papel que me encuentre por ahí,
a no ser que se trate de una emergencia, claro
En las personas, lo que más valoro es: La lealtad
No me gusta de las personas: La doblez
Un vino: Me gustan los blancos y cavas, y creo que los del
Bierzo se están desarrollando en este campo con muy buenos resultados.
Si hay que poner nombres, alabo especialmente el Viña Garnelo o el Viña
Aralia. En cavas, nunca me defrauda el brut Xamprada
En una cena para dos pediría: Un ambiente tranquilo,
y como menú una combinación de verduras y quesos y un pescado
a la espalda o a la plancha.
Un deseo: Salud
SENTENCIAS
Los hombres nacen para el éxito, no para el fracaso. - Henry David Thoreau
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